El cielo

El cielo debe estar lleno
de lugares comunes,
y puedes decir
que no te gusta lo que escribo,
pero me gustan los gatos
que merodean entre las basuras,
y había una escalera
desde donde te miraba.

He aprendido poca cosa
de las zarpas de la vida,
y quizás cuando te hablo del cielo
es otra forma de decir
que me dueles,
y el cielo era verde
esta mañana.

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Revolotear primero

No hay nada mejor que leer a Bukowski
para recordar quién eres,
y hay gaviotas revoloteando sobre un café sucio,
las calles ya estaban caídas esta mañana
después de soñar contigo,
mientras veía a los viejos
escupir sus esputos.
El cielo es gris
y tengo la sensación de que
muchas de las cosas que hago mal
son consecuencia de hacerlas bien primero.
Es decir,
vine a enjuagarme mis labios
en un vaso de vino,
y me quito espinas de la boca,
y mañana quiero dar un paseo por el río
antes de que lo hagan las parejas,
antes de que sus cámaras fotográficas cierren
el paso y el camino,
e intenten grabar todo lo que no viven,
porque digamos que tengo que perdonar a menudo
las cosas que yo no haría,
y he apartado las raspas del pescado,
como hago con aquello
que me duele,
y el mar,
por ahora,
me hace perder el tiempo,
y eso es lo único que tenemos,
tiempo,
y no sabemos cuánto tiempo
nos queda todavía.

Luna

Pienso en ti,
obsesivamente pienso en ti,
tocando tu espacio en la cama
como una mujer que ha abortado
y pasa la mano por su vientre.
Pienso en ti imaginariamente,
y obsesivamente te imagino aquí,
como un acto reflejo,
o un reflejo en el agua
que se diluyera al tacto.
Y pienso en ti
a sabiendas de que después de hacerlo
no quedará nada;
persiguiendo tu rastro invisible
para hacerte volver un instante,
detrás del umbral de las puertas
en las que esperabas,
como esperan de verdad
quienes te quieren.
Pienso en ti,
al volver y al irme.
Al cerrar la puerta pienso en ti;
esperando,
como tú esperabas,
todos los días,
a que vuelvas.

A la contra

Intentarán que seas otro,
te implantarán sus medidas
o te echarán a un lado,
serás uno más
o no serás nadie.
Los nadies,
los que te hacen creer
que distinto
es algo deshonroso,
los que te ponen a prueba
y te someten a juicio
y a presiones sociales.
Los nadies,
los cobardes que no hablan sino en grupo,
los que están a medias,
los infelices,
los resentidos,
los enemigos de todo,
los críticos del deporte,
los críticos del cine,
los amantes de la moda,
los sin estilo,
los “mayoría”,
los democráticos,
los sin alma,
sin sueños,
sin coraje.
A los que nada les perdura.
Los nadies,
los hijos de nada,
los que no triunfan por si mismos,
los que intentan arrastrar
a las profundidades,
los que no te dejan ser
todo lo especial
que eres.

Los rotos

“Doctor,
cuando me toco aquí
me duele,
y cuando me toco la rodilla
me duele,
y cuando me toco la espalda
me duele”.
Y el médico contestó:
“Usted lo que tiene
es el dedo roto”.

Eso es lo que pienso
de la gente a la que todo
le parece mal
y critica a los demás
por las espaldas.

Lo que hace falta

Por cada activista y cada pancarta
hay un tipo sentado en los arcenes
vendiendo sacos de naranjas,
con una capa de grasa
negra en las manos,
y un perro sarnoso,
un saco de huesos,
moviendo el rabo,
pegado al hombre por siempre.

Para cada movimiento,
hay una acción en calma,
para cada silencio
dos tiros al aire,
un manantial para cada desierto,
y un oasis de soledad
por cada amigo
al que debes un abrazo.

Hacen falta días grises
para afrontar las escalas,
dolor para el alivio,
y una montaña,
y un sol que brille
derritiendo la nieve,
una despedida
por cada reencuentro,
y dos polos
por cada imán
que no se separen,
y una razón para desatar la locura,
y una pérdida por cada victoria,
y una mujer sencilla que quiera
un poco de todo
contigo.

Boxeadores

Nunca he visto a un boxeador pedir perdón,
ni llorar al recibir un golpe,
no significa que no le duelan los impactos,
significa que,
de alguna manera,
están preparados para que les den,
tienen la certeza de que,
al subir a un ring
y ponerse los guantes,
golpearán
y serán golpeados;
y que saben a lo que se exponen,
del mismo modo
en el que nosotros deberíamos
pelear por nuestras vidas.

La mano de Dios

Me di cuenta
que era para mí,
y que aquel momento era mío,
y que aquella distancia,
y aquel lugar,
y aquella mujer
se habían creado
para que les observara,
dejando entrever
que hasta la mano de Dios
precisa del hombre
para que,
en su mirada,
su acción se considere
un milagro;
porque hace falta una mirada,
para que el mundo posea
algún tipo
de valor.

Tú ya te has ido

Últimamente no dejo de pensar en Vietnam;
no dejo de pensar en elefantes,
en bambú y en polvo;
en Ghana con sudores fríos;
Indonesia,
con los dedos de pizarra;
las dunas del desierto en mis zapatos;
descalzarme en un templo budista;
las casas de papel y madera;
los barcos de papel y madera;
los caballos de madera surcando
metro y medio de mi infancia.

No dejo de pensar en mares y en cuerdas,
y en callos;
manos fuertes y caminos duros,
cuerpos cansados de vagar,
imaginariamente,
por esos lugares.

Quiero cumplirlo.

Pronto me marcho.

Tú ya te has ido.

No me has llevado.

Vienes conmigo.

Busco en el cielo.

Sólo camino.

Ya lo hago siempre.

Nadie me espera.

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