Cortesía

Caminábamos por un camino estrecho
y les dije a las chicas
que pasaran delante,
y Erica susurró:
“quiere mirarnos el culo”.

Yo sólo intentaba mostrar cortesía,
en un ciclo
de malas intenciones,
así que me incliné a guiarlas
y no supe a dónde.

La mayoría de los gestos de cortesía
se hacen porque no sabemos a dónde vamos,
o a quién nos dirigimos.

Jack Ma dice que hay que rodearse
de gente mejor que tú,
para ser exitoso,
por eso creo que cedemos siempre el paso
ante una mujer.

Puntualidad

El pánico cunde ante la piel,
y somos kilómetros de piel desnuda,
cubierta de humo y de semáforos;
no daltónicos que descifran la luz,
sino hombres que se oponen a lo establecido.

Yo imagino un mundo sin cubiertas,
ni tacones,
ni un gesto aprendido;
un mundo virgen,
entregado como la primera vez,
donde la hierba es tu cama
y la carne se expone sin refugio.

Un mundo que sea lo que fue,
un solo día.

Brasas en la hoguera de Sodoma

Se postró dejando caer su cabeza
sobre el pecho que dejaba pasar la mañana,
y la luz le alcanzó,
como algo que su brazo de cristal extendido
no pudo sostener nunca.

Lot besó una lámina de sal
que se deshizo en la boca,
y al tiempo fue una montaña
dónde él,
aún,
reconocía sus ojos.

Publicaciones

Debido a las diversas publicaciones que he realizado tanto a nivel personal como en antologías poéticas, me he visto obligado a eliminar casi todos los poemas antiguos. En cualquier caso, continuaré publicando cosas nuevas. Un saludo a todos.

Transparente

Para mí el invierno sigue siendo el frío,
el semblante serio ante una foto;
arrancarle la metáfora al poema,
con la intensidad con la que la lluvia
golpea los cristales.

Para mí el invierno es un camerino repleto de pelucas,
repleto de actores que no saben quiénes son,
cuyos estómagos le rugen al arte,
como un estadio de fútbol cuando entra una pelota.

Para mí el invierno es amanecer pensando que nada es para tanto,
como desayunar con alcohol,
o saber que quitarán las luces de Navidad por primavera.
Es como dejar a una chica en la cama
sabiendo que al cruzar el umbral de su puerta
no volveréis a besaros;
como levantarse para ir al trabajo o la escuela
para afrontar una muerte;
como conocer el truco de magia antes de empezarlo,
o manejar el auto después de nueve horas de trayecto.

Para mí el invierno es como recoger solo y en silencio
los restos de una fiesta,
con el refresco pringoso en la suela del zapato;
como reconocer una mentira y hacer creer que no la sabes;
como tragarse el orgullo como un café magmático por la garganta,
o como desear haber escrito un poema
que jamás podrás escribir;
como ver a una puta llevar a sus hijos de la mano,
o no saber ponerle punto final a una historia;
como aceptar que hay cosas que nunca seremos y que
ni siquiera seremos lo que somos;
como ahorrarme el ticket del bus con mis pasos,
sabiendo que tú coleccionas
los tickets de todos tus viajes;
como saber que no volverás nunca;
como dejar escapar otro tren,
permaneciendo, por siempre,
en la misma estación.

Sobras de la noche

No puedo atravesar en tus paredes,
pero aprecio la capa amarilla
que ha quedado
de fumar en ellas,
como otra envoltura de papel
que no puede plegarse.

Es como si asomase tu pulmón alquitranado,
como si tus negras lágrimas
no salieran contigo
para acabar con la cajetilla de tabaco
que predice tu muerte.

Ahora somos tan sólo dos figuras,
las sobras solitarias de la noche
que observan la ciudad desde el tejado,
desde donde algunos reconocen sus casas,
pero nadie pensará en nosotros,
que ni siquiera seríamos capaces.
Sólo sombras a las que les quedará
el parpadear de las luces bocarriba,
las cenizas y las hebras junto al filtro,
tu rastro de colillas de dos hombres
que se miran al espejo
absorbiendo las nubes de humo
que formas con la boca.

Siguen esperando a alguien

¿Cómo demostrar que no eres
un idiota
antes de empezar?

Esperaban encontrar a un buen chico,
pero también esperaban a que la cagásemos,
y lastrábamos la experiencia que no generábamos,
y llevábamos con nosotros la desconfianza
pendiendo del pescuezo.

No éramos buenos pero
estábamos hechos de buenas intenciones.

Ya sabes cómo acaba.

¿Merece la pena
ser como los chicos tristes del recreo
que se siguen encargando
de hacerles saber
que no son
lo que ellas buscaban?

Un instante

Dijo Dios que éramos una ciudad sin calles
y que desaparecer era parte de la magia,
y quizás te preguntes por qué hace tiempo que no escribo,
yo que soy de verborrea fácil y de labia,
y de frases bonitas;
yo que siempre fui de aprender pocos nombres,
y pocos caminos de vuelta,
y que podría hacer como hice con otras
y escribirte de memoria
poemas de clichés baratos
que hablen de tu sonrisa o de tu falda,
o de tus caderas,
o de tus pies flotando en el aire de tus zapatos,
corriendo de un lado al otro del parque.

Y no te equivoques,
que podría escribirlo con la misma fe
con la que prometen la luna los idiotas,
porque se sienten invencibles al mirarte.
Tú que eres el peligro de no rendirse nunca,
y yo que soy más de lograr lo imposible,
y de abandonar titubeante y torpe tu cuerpo,
inmovilizado y boquiabierto en la distancia,
tartajeando palabras que parecen sobrar y faltar
sin término medio.

Porque a decir verdad soy lo que tú provoques,
y tú la convencida e inexplicable excusa
de los sincopados días
en los que esperé a cruzarme contigo.
Yo que soy más de creer en mí mismo
y de no depender de nadie,
y de hacer lo que otros no harían.
Yo que soy más de llenarme la boca cuando hablo de ti,
y de quedarme callado al mirarte.
Tú que me has enseñado que para entenderse
no hace falta hablarse,
y que hay putas miradas que bien merecen
estarse callado.
Yo que he dejado al auditorio anónimo de la humanidad
esperando un poema,
y tú que te llevaste contigo todo un instante,
del silencio más honesto
que jamás
se haya entregado.

De lo que sirve ser una cosa bonita

Eres una mariposa ensartada,
un toro de alas caídas empapando de rastro el albero,
un rumbo mosaico en el aire que no se ve,
blanca en el aire y desnuda ante la nada,
una especie de nada,
un reflejo de nada ante nadie,
un poema ordinario que no dice nada,
hermoso como el vuelo
que sólo pudiera admirarse.

Regad las plantas

Ser feliz no es como enseñar las tetas,
ni pasar frente a la puerta con la clase.
Tú que dices que estoy solo,
y me hablas siempre de un hombre,
un dios, me dices,
donde sólo he visto al hombre.

Tú que permites que un dios se asome a tu vida
como lo hacen los sordos que te observan menear el culo
al fondo de una discoteca.

Tú que apestas a reproche y rechazo
por hombres que cruzan el ruido de una sala.

Tú que prefieres el filtro y el enfoque como escudo,
el retoque por encima,
el chico alto,
la carne cuadrada.

Tú que corres a los baños
para que tus dioses no vean
la cara
que yo conozco.