Despedidas

Una de las cosas
que me da más miedo,
es no despedirme;
no decir lo que sentía;
que te quedes,
o te vayas,
sin saberlo.

Una de las cosas que más temo
es confiar en que lo sabes,
y que no lo sepas;
confiar en mis manos,
o en mi boca,
o en mis besos,
o en mi mirada;
confiar en que ellas lo dicen
y que no lo digan,
o que no expresen la certeza
con la que lo sienten.

Una de las cosas que más miedo me da
es creer que ya lo sabes;
despedirme de ti
creyendo que volveremos a estar juntos;
considerar que tendré
otras posibilidades
para hacerlo.

Lo que más miedo me da
son las despedidas;
verte la espalda,
caminando;
o ver sólo el camino
donde ya no estarás nunca.

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La teoría del miedo

Me dijiste que te daba miedo el puente
de San Luis,
pero tú no tienes miedo al puente,
sino a caerte;
no tienes miedo a volar,
ni a saltar de un avión,
sino a caerte.
No tienes miedo a perder la cabeza,
sino el trabajo,
o la mujer,
o los hijos,
o una amistad de siempre.
No tienes miedo al compromiso,
sino a la rutina,
o a que alguien
después de entregárselo
no cumpla su parte.
No te da miedo vivir,
sino morirte.
No temes la aventura,
sino perderte.
No temes perderlo todo
sino no ganar algo a cambio
y no poder recuperar
lo que tenías.
No temes al dinero
sino a las navajas.
No temes soñar
sino darte cuenta,
de pronto,
de que no tienes nada.

Por suerte nací pobre,
y soñé con conseguir cosas
que sabía que no tenía,
y lo único que pude perder
fue la vida,
y detrás del riesgo,
soñé,
volé,
me aventuré,
me enamoré,
aumenté el pulso,
hice dinero,
y por supuesto,
caí,
caí,
y volví a caer.

Pero detrás de todas esas cosas,
para las que fue importante
saber levantarse,
lo más importante fue
no tener miedo.

Quizás sea el momento
de echarle huevos
a la vida.

Pensamiento intrusivo

Seríamos criminales
de ser lo que pensamos,
y ya que Dios
tiene el derecho de juzgarlo,
y las mañanas eran azules
cuando no podía vivir sin ti,
y la alarma sonaba sin sentido,
y todo este sistema
era un ciclo para meterme
en tu cama,
y no podía vivir sin ti,
pero este corazón,
y estas palabras,
y estas vísceras que me forman,
siguieron funcionando.

Propaganda a posteriori

Sé que no lo entenderías,
toda esta acción propagandística
de hacer lo que hiciera falta,
de escribir lo que hiciera falta,
con el único objetivo de que vuelvas.

Nosotros,
que soñábamos irnos
y clavábamos los dedos en los extremos
de un mapa mundi,
repasando con las yemas lugares
que no estaban al alcance;
este sketch publicitario;
estas calles de adhesivos y cera fundida,
ese lado que descubre tus deseos
lanzando una moneda al aire.

Sé que no lo entenderías,
este a posteriori con alusión al olvido,
este olvido aferrado al recuerdo,
este recuerdo que nunca tuvimos;
esta promesa de no ser lo que éramos,
pero ser al mismo tiempo lo que fuimos;
esta nostalgia,
estas palabras,
estas frases,
y estas fases,
que no cambian los hechos,
el hecho del absurdo de escribirte,
a la desesperada,
lo que nunca entenderías.

Haikus americanos

  1. Perdimos el tiempo yendo,
    pudiendo haberme quedado
    tirado en el sofá.
  2. La lluvia no consiguió inundar
    la casa del pescado.
  3. Todos los niños
    que están ahí fuera
    tendrán que morir.
  4. Nada en el cielo
    está mojado
    bajo la lluvia.
  5. Son hombres libres
    mientras sepan respetar
    todas las leyes.
  6. Decimos no tener tiempo
    y aunque fuera poco
    es lo único que nos queda.
  7. Haiku americano,
    o quiero hacer algo
    y saltarme las reglas.
  8. Cierra los ojos
    y verás por fin
    el mundo.
  9. No encontré
    la diferencia
    entre infinito y vacío.
  10. Nunca dejes de moverte,
    tu corazón
    no lo haría.

NOTA: El haiku americano no es lo mismo que el haiku japonés. El haiku japonés está estrictamente disciplinado a las diecisiete sílabas, pero dado que la estructura del lenguaje es diferente, no creo que los haikus americanos debieran preocuparse de las sílabas porque el discurso americano es algo que se expande hasta estallar (Jack Kerouac).

Para uno que sabe lo que quiere ser

Había un travelo en Marqués,
esta mañana,
camino del metro,
con sus musculadas piernas
sobre sus tacones,
las medias cruzadas,
corriendo pasillos de acera,
que son laberintos del asco,
con su hormonada barbilla sin pelo
y su nuez inevitable;
ante la mirada humillante,
y la sonrisa y repulsa de las calles
en la que escupen los viejos.

Había un travelo en el parque
acostumbrado al asco,
haciendo la esquina
y prostituyendo el deseo
de ser lo que uno siente;
provisionando pastillas
entre sus carmines labios,
que le hacen sentirse
una mujer escondida,
protegida en los antros oscuros
a los que acude,
donde la gente le sonríe,
y hay alcohol y música,
y palabras no enturbiadas,
ni nadie que la juzgue.

Mentiras al fuego

La verdad de un instante
es en la eternidad una mentira,
y un mal poema ensucia al mundo,
como una costura en la carne.
Un golpe fugaz
que deja marcado,
y ese pensamiento es un invierno
al que someterse,
un halo periódico que no existe,
que ya no existe,
como un gato esquivo,
salto entre las hojas secas
que dejó la primavera,
como el perro que se quedó
dando vueltas por la casa,
olisqueando la ausencia en las esquinas,
y aguantó la meada hasta el parque;
o el niño de tres años
que preguntó
por qué murió su madre,
para que su abuelo le contara que Dios
la hizo una estrella.

Minutos y días de silencio

Dejé de escribir porque murió mi perra,
y con ello murió una parte de mí,
una parte invisible que yo ni siquiera conocía,
esa conexión ciega
de saber lo que uno quiere
antes de pedirlo.

Aún sueño que resucita por las noches,
y hago gestos en la cama,
gestos delicados que yo hacía
procurando que no se despertara,
y soy incapaz de decir nada,
así como ella no decía nada.
Será que los hombres tendemos
a parecernos
a aquellos que nos aman,
ya sea tu padre
o tu perro.
Y todo lo que yo necesitaba
era su cuerpo caliente dormitando a mis pies,
ofreciendo silencio y compañía.
Eso es lo que precisaba.
Nada de poemas
de momento.

Algo mató a Chester

Prometes la vida como quien fuma
sin importarle a quien le llegue el humo,
y tu boca huele a alcohol barato
que es un recuerdo de colonia evaporado en la memoria,
y haces líneas en el aire
sobre las que muestras equilibrio
pero en realidad caminas en una carretera
de la que no puedes caerte.
La juventud es sólo una euforia,
y aunque puedas detenerte a observar el pasado
mirando la luz de las estrellas,
algunas arrojan en ese retraso
su último destello,
y aunque creas que aún brillan en el cielo,
en realidad,
ya no lo harán nunca.

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