Volar

Oui, c’est ça, mon amour!
Podremos verlo todo,
y seremos como los ángeles que callan
el misterio de la muerte,
soldados que perpetúan
la voluntad sagrada
del ministerio que dictan las vidas
a la estamos deparados.

C’est ça, putain!
Planearemos sobre los puertos,
y cantaremos canciones en los muelles;
alzaremos las manos
mendigando mendrugos de esperanza,
que serán como oraciones
que se traguen las paredes.

Seremos como espectadores que contemplan
las brisas que llevan consigo
las hojas secas del otoño.

Oui, putain, c’est ça!
Precipitaremos al vacío
a través de las ventanas,
y habrá una ración de hora al día
en la que podremos estar tristes.

Bailaremos los últimos tangos
que compongan los inviernos.

Nos quedaremos tiritando en las esquinas,
y la escarcha será una costra de la piel
de la que nos desprenderemos
sólo al tacto.

C’est ça, putain!
Sentiremos como arde la nieve
que se funde bajo nuestros labios.

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No existas

Mereces estar triste,
en la penumbra de tu colchón amarillento.
Uno desea extinguirse siempre,
así que, por favor, no existas.
Tocar tu pelo debe ser ahora
como profanar las tumbas,
como estirar la mano al cielo
queriendo agarrar alguna estrella
sin forma de hacer el ridículo.
No existas, por favor,
saquen de mí mismo los recuerdos,
me da igual reconocerme.
Tengo esto en la cabeza,
y embriagarse es como demolerla
a base de olvidos instantáneos,
ráfagas de mentiras que se recomponen
como los fragmentos del fracaso.
No existas, por favor,
sólo quiero ver arder nuestras fotos
a través de las sonrisas,
como vi arder nuestros deseos
a la altura de tu ombligo.
Mi corazón imprime tu ausencia
en los muros que golpean mis nudillos.
No vuelvas, por favor, no existas,
que llamarme ahora es
como lanzar al viento un grito,
y la memoria es algo
a lo que guardo miedo,
un baúl en el que conservo tus labios.
Esta noche quisiera ser
como las noches de verano.
Mirar nuestra imagen es creer
que no aparentábamos ser felices,
de la misma forma en la que aparentamos
guardanos algún luto.
Ya que hemos demostrado
que el uno puede vivir sin el otro,
por favor, vete,
no existas,
sal de mí,
eres como la maleza
que no deja de crecer nunca.
Arráncate
sé extraña a mis ojos,
sé desconocida,
por favor,
deja de existir.

Halo

Y yo ya sabía mirar de otra forma,
escribir de otra forma,
detectar al auxilio en el aire,
y el silencio en la llama del leño
que crepita en la tiniebla;
la oportunidad en el rayo de la aurora,
y la paz en la quietud de las aguas
de los lagos.
Yo ya escuchaba el agua;
el dolor insoportable de las miradas
que se apartan del color
de la miseria.
Yo ya sabía mirar de frente al dolor,
sin sentir nada
(pues uno se acostumbra
con el tiempo).
Y sabía del dolor de la llaga al verla
y llegaba a lamentarme.
Yo ya sentía tu voz en el aire,
tu cuerpo en al aire,
suspendido entre la nada.
Yo ya sabía tu calor y tu hambre,
tu nombre y tu contorno,
y sabía mirar de otra forma,
escuchar de otra forma,
encontrar donde no había.
Yo ya aprendí a moverme por tu olfato,
a predecir tu instinto,
a procurar amarte.
Yo ya sabía mirar de otra forma,
escuchar de otra forma,
y aún no he sabido
olvidarte.

Se necesita experiencia

Lo que te quiero decir
es que no agradezco el sol,
ni agradezco la sombra,
ni agradezco la vida.
Me da igual
que broten los campos,
o que se pinten los labios,
de rojo,
las niñas quinceañeras.

Lo que te quiero decir
es que no hay nada
que supere al entusiasmo.

¿No lo entiendes?

Aún se me abren los ojos,
como a un niño,
la primera vez
que observa prender
una llama.

Invencible

Me llené los bolsillos con el oro de las letras
Con el que grabé mi nombre en la historia.
He seducido a mujeres
Y he compuesto poemas que hicieron llorar a los hombres.
Desperté en habitaciones oscuras en las que he bailado,
Mientras las ciudades ardían en llamas
Y los barcos zarpaban de los últimos puertos.
He cruzado los límites de la verdad con una botella en la mano,
Y la he defendido con uñas y dientes.
Acerté a dar un par de golpes.
Arranqué las flores del jardín.
Actué con determinación ante la duda.
Me aventuré en la noche por los caminos de la perdición.
He jugado y he evadido de mil maneras a la muerte.
Bebí del manantial al que acuden a morir los elefantes.
Fui la serpiente que repta a los pies del pecado.
Me enamoré de una puta que nunca ha vendido su cuerpo.
Deformé el barro con los pies
Y le di forma con los dedos.
Creí en los ángeles gracias a ciertas miradas.
Fui el jabón de una pompa que emprende un viaje hacia el cielo.
Floté sobre una cama de púas.
Me tumbé sobre las terrazas descalzas del cemento.
Conquisté corazones y tierras.
Me armé de valor y coraje;
Pero nunca te he llegado a decir
Que te quiero.

Aquello que nos merecemos

Quizás te sorprenda la lluvia
por el sendero de un parque,
y la sientas en medio de un bulevar
en París,
Buenos Aires.

La música
en los callejones.

O quizás te sorprenda la noche
cayendo a tus pies,
trastabillada y oscura,
como un café amargo.

La espalda del mundo
quizás sea como una mujer tumbada
en posición supina.

Y quizás te sorprenda el alba,
y te quedes temblando.

Yo sólo admiro al que sufre.

Y quizás te sorprenda el amor,
de pronto,
en mitad de una mirada,
y entonces no habrá salida.

Y espero al día
que descubras así
mis ojos,
y espero que también
sepan sorprenderte.

El olimpo

Nos juntamos unos pocos bajo las estrellas,
con nuestro tabaco
y nuestras cervezas,
y nuestro camuflaje.
Parecíamos salvajes,
bebiendo y aullando,
formando nubes de humo
con la boca.
Parecíamos como dioses,
cercanos
pero intocables,
compartiendo partes de nuestras vidas
y de nuestras victorias,
hasta que el alcohol se fue acabando,
y el tabaco y la noche,
se fue acabando,
y regresamos a nuestras cosas,
y a nuestras casas,
con nuestras movidas,
y nuestras miserias,
con nuestras alarmas
y nuestras mujeres,
y dejamos nuestra divinidad a un lado,
y al alba no quedaba nada de nosotros;
nada era ajeno
de lo humano,
y eso era lo que parecíamos,
sólo hombres derrotados
salvo a los ojos
de los niños.

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1900

Debí nacer hace años,
cuando para acordarte de alguien abrías un sobre y no una pantalla;
cuando tenías que prender la radio o encerrarte en una cabina,
para escuchar una voz que no fuera propia;
cuando tenías que ir a buscar a su casa a un amigo,
o cruzar una sala y llenarte de valor
para mirar a una chica a los ojos,
y bailar con ella despacio,
y llevarle un poema y un ramo de flores.

Cuando los hombres surcaban los mares
y las mujeres se postraban a esperar en las orillas,
y la muerte no era el final de una historia.

Cuando las fotografías se revelaban en cuartos oscuros,
y la luz de las velas alumbraban los pasillos,
y los niños jugaban en la calle,
Y las películas y las cintas de casete se rebobinaban,
y los hombres luchaban por intereses comunes.

Cuando los grandes resultados llegaban de la constancia y el silencio;
cuando era posible soñar con metas inalcanzables;
cuando los dibujos se repasaban a plumilla,
y la tinta ensuciaba los papeles;
cuando los trabajos se realizaban a mano
y se manchaban de pintura, de aceite, de barro, de grasa;
cuando el amor se hacía con el corazón
y uno se pringaba hasta el fondo.
Porque el trabajo, el amor y el arte,
salpicaban,
porque se hacían de verdad.

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