La forma en el cojín

Ella era mi mejor amiga,
y ahora nada puede devolvérmela,
pero siempre recordaré
cómo me esperaba por las noches,
o cómo se enfrentaba a su ceguera,
o cómo midiendo quince centímetros
echaba al mastín de su cama.

Eso es lo que ha sido siempre,
una cosa pequeña
ocupando un espacio muy grande
que ahora también
supone un gran vacío.

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Hágase tu voluntad

Tal vez se esté haciendo en otra parte,
o tal vez sea esto lo que quieres.
Supongo que lo que a mí me parezca,
o me deje de parecer,
no es para tanto.
Las chicas lindas de la iglesia
montan a caballo
y llevan plata en la ortodoncia,
mientras uñas sucias de miseria
la rasgan del papel
que envuelve un bocadillo
cerca de rua latino coelho.

Por si un día al pasar
te conmueve.

Planta 26

Me di cuenta aquella noche,
desde la última planta,
observando los puntos negros,
móviles,
que representaban vidas,
bajo los focos de luz del asfalto.
No pude ver cómo arrastraban
sus cuerpos,
ni cómo consumían sus cigarros,
o sus carnes
de cicatrices y arrugas.
Y me gustaba ver también las luces de las casas,
y pensar que había vida tras los muros,
contemplar el bulevar prendido de neones rojos,
entre los gritos de los jóvenes de fiesta.
Me gustaba pensar que vagaban por el mapa
bajo la arboleda,
y llevaban mujeres
cogidas de la mano,
pero no podía ver las calles
teñidas de crimen y sombra,
la fatiga de una señora
con las bolsas de la compra
con sus manos torpes;
sí alcanzar los descampados,
pero no las virutas de vidrio;
la noche,
pero no las ratas;
las ventanas,
pero no los dormitorios;
las grúas,
pero no los escombros;
los maderos,
pero no las astillas.

Lo sé por cómo se ve todo
desde arriba,
que Dios
no sabe nada
de nosotros.

El hombre común

Condenado a mirar desde la barra
y al bolsillo.
Condenado a contemplar los autos,
las mujeres y las casas
que deseo.
Condenado a ver pasar las manos
que las llevan.
Condenado a observar el triunfo.
Condenado a no saborearlo.
Condenado a escribir bajo las luces
que bombean en las sombras.
Condenado al diario y al horario,
condenado al plan y al hambre.
Condenado a mirar el abismo
como Dios mira a la Tierra.
Condenado a rogarle.
Condenado a mirar el firmamento
y mirarnos a la cara
como extraños.
Condenado al uso
y a lo usado.
Condenado a heredar calzoncillos.
Condenado a confundir
implacable e impecable,
al blanco tornando amarillo,
al desvío,
al esfuerzo
y al cambio de metas.
Condenado al rechazo, a la tentación
y a la búsqueda.
Condenado al rodaje
y las calles vacías
que me esperan
vuelta a casa.
Condenado al trabajo.
Condenado a los niños mellados
y a los dientes torcidos,
a las vidas torcidas,
y a los destinos torcidos
y a buscar,
como busco,
un final
para un poema.

Cortesía

Caminábamos por un camino estrecho
y les dije a las chicas
que pasaran delante,
y Erica susurró:
“quiere mirarnos el culo”.

Yo sólo intentaba mostrar cortesía,
en un ciclo
de malas intenciones,
así que me incliné a guiarlas
y no supe a dónde.

La mayoría de los gestos de cortesía
se hacen porque no sabemos a dónde vamos,
o a quién nos dirigimos.

Jack Ma dice que hay que rodearse
de gente mejor que tú,
para ser exitoso,
por eso creo que cedemos siempre el paso
ante una mujer.

Puntualidad

El pánico cunde ante la piel,
y somos kilómetros de piel desnuda,
cubierta de humo y de semáforos;
no daltónicos que descifran la luz,
sino hombres que se oponen a lo establecido.

Yo imagino un mundo sin cubiertas,
ni tacones,
ni un gesto aprendido;
un mundo virgen,
entregado como la primera vez,
donde la hierba es tu cama
y la carne se expone sin refugio.

Un mundo que sea lo que fue,
un solo día.

Brasas en la hoguera de Sodoma

Se postró dejando caer su cabeza
sobre el pecho que dejaba pasar la mañana,
y la luz le alcanzó,
como algo que su brazo de cristal extendido
no pudo sostener nunca.

Lot besó una lámina de sal
que se deshizo en la boca,
y al tiempo fue una montaña
dónde él,
aún,
reconocía sus ojos.

Transparente

Para mí el invierno sigue siendo el frío,
el semblante serio ante una foto;
arrancarle la metáfora al poema,
con la intensidad con la que la lluvia
golpea los cristales.

Para mí el invierno es un camerino repleto de pelucas,
repleto de actores que no saben quiénes son,
cuyos estómagos le rugen al arte,
como un estadio de fútbol cuando entra una pelota.

Para mí el invierno es amanecer pensando que nada es para tanto,
como desayunar con alcohol,
o saber que quitarán las luces de Navidad por primavera.
Es como dejar a una chica en la cama
sabiendo que al cruzar el umbral de su puerta
no volveréis a besaros;
como levantarse para ir al trabajo o la escuela
para afrontar una muerte;
como conocer el truco de magia antes de empezarlo,
o manejar el auto después de nueve horas de trayecto.

Para mí el invierno es como recoger solo y en silencio
los restos de una fiesta,
con el refresco pringoso en la suela del zapato;
como reconocer una mentira y hacer creer que no la sabes;
como tragarse el orgullo como un café magmático por la garganta,
o como desear haber escrito un poema
que jamás podrás escribir;
como ver a una puta llevar a sus hijos de la mano,
o no saber ponerle punto final a una historia;
como aceptar que hay cosas que nunca seremos y que
ni siquiera seremos lo que somos;
como ahorrarme el ticket del bus con mis pasos,
sabiendo que tú coleccionas
los tickets de todos tus viajes;
como saber que no volverás nunca;
como dejar escapar otro tren,
permaneciendo, por siempre,
en la misma estación.

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