Los ojos

Los ojos de un Cristo crucificado
se clavan en el techo de mi cuarto,
de la misma forma en la que yo
observo las paredes,
y Dios se ha aburrido de mirarnos,
como se aburren los niños
de jugar con las hormigas.

 

crux

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El olimpo

Nos juntamos unos pocos bajo las estrellas,
con nuestro tabaco
y nuestras cervezas,
y nuestro camuflaje.
Parecíamos salvajes,
bebiendo y aullando,
formando nubes de humo
con la boca.
Parecíamos como dioses,
cercanos
pero intocables,
compartiendo partes de nuestras vidas
y de nuestras victorias,
hasta que el alcohol se fue acabando,
y el tabaco y la noche,
se fue acabando,
y regresamos a nuestras cosas,
y a nuestras casas,
con nuestras movidas,
y nuestras miserias,
con nuestras alarmas
y nuestras mujeres,
y dejamos nuestra divinidad a un lado,
y al alba no quedaba nada de nosotros;
nada era ajeno
de lo humano,
y eso era lo que parecíamos,
sólo hombres derrotados
salvo a los ojos
de los niños.

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