Invencible

Me llené los bolsillos con el oro de las letras
Con el que grabé mi nombre en la historia.
He seducido a mujeres
Y he compuesto poemas que hicieron llorar a los hombres.
Desperté en habitaciones oscuras en las que he bailado,
Mientras las ciudades ardían en llamas
Y los barcos zarpaban de los últimos puertos.
He cruzado los límites de la verdad con una botella en la mano,
Y la he defendido con uñas y dientes.
Acerté a dar un par de golpes.
Arranqué las flores del jardín.
Actué con determinación ante la duda.
Me aventuré en la noche por los caminos de la perdición.
He jugado y he evadido de mil maneras a la muerte.
Bebí del manantial al que acuden a morir los elefantes.
Fui la serpiente que repta a los pies del pecado.
Me enamoré de una puta que nunca ha vendido su cuerpo.
Deformé el barro con los pies
Y le di forma con los dedos.
Creí en los ángeles gracias a ciertas miradas.
Fui el jabón de una pompa que emprende un viaje hacia el cielo.
Floté sobre una cama de púas.
Me tumbé sobre las terrazas descalzas del cemento.
Conquisté corazones y tierras.
Me armé de valor y coraje;
Pero nunca te he llegado a decir
Que te quiero.

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Las vías del tren

Alguien se ha vuelto a tirar
a las vías del tren.

Dicen que los telediarios
no hablan de suicidios
por miedo a un contagio;
y quienes trabajan limpiando las vías
lo prefieren.

Prefieren hablar de las guerras
y del hambre,
y de que la gente muere
de igual forma.

Nosotros viajamos en este vagón,
de un centímetro cuadrado;
el arte de bailar sin zapatos
por la vida;
directos al destino o a las plazas;
directos al torcer de las esquinas;
guardando el secreto del suicidio
pasando por encima
de la muerte.

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