Omisión

El agua que dejas correr
se considera sucia.

El niño al que dejas soñar
se considera libre.

El tiempo que dejas pasar
se considera perdido.

La chica a la que dejas escapar
se considera herida.

Las cosas que intentas olvidar
son las que nunca olvidas,
y elegir es descartar,
de la misma manera que un acantilado,
desde abajo,
deja de ser un precipicio.

La ausencia es el ascua de la piel
con la que los bosques y las ciudades,
y las entrañas,
se reducen a cenizas.

Y hay menos caridad que hambre,
y más moribundos que camas,
y más huérfanos que hospicios,
de la misma manera que hay menos libros
que páginas en blanco,
y que hay más piedras
que esculturas.

Quien domina la arcilla
levanta un edificio.

Quien domina las aguas
le lucha a la corriente.

Llama a esa chica.
Juega tus cartas.
Vive sin miedo.

¡Levántate,
hostia!

¡Haz algo!

hazalgo

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Se necesita experiencia

Lo que te quiero decir
es que no agradezco el sol,
ni agradezco la sombra,
ni agradezco la vida.
Me da igual
que broten los campos,
o que se pinten los labios,
de rojo,
las niñas quinceañeras.

Lo que te quiero decir
es que no hay nada
que supere al entusiasmo.

¿No lo entiendes?

Aún se me abren los ojos,
como a un niño,
la primera vez
que observa prender
una llama.

Invencible

Me llené los bolsillos con el oro de las letras
Con el que grabé mi nombre en la historia.
He seducido a mujeres
Y he compuesto poemas que hicieron llorar a los hombres.
Desperté en habitaciones oscuras en las que he bailado,
Mientras las ciudades ardían en llamas
Y los barcos zarpaban de los últimos puertos.
He cruzado los límites de la verdad con una botella en la mano,
Y la he defendido con uñas y dientes.
Acerté a dar un par de golpes.
Arranqué las flores del jardín.
Actué con determinación ante la duda.
Me aventuré en la noche por los caminos de la perdición.
He jugado y he evadido de mil maneras a la muerte.
Bebí del manantial al que acuden a morir los elefantes.
Fui la serpiente que repta a los pies del pecado.
Me enamoré de una puta que nunca ha vendido su cuerpo.
Deformé el barro con los pies
Y le di forma con los dedos.
Creí en los ángeles gracias a ciertas miradas.
Fui el jabón de una pompa que emprende un viaje hacia el cielo.
Floté sobre una cama de púas.
Me tumbé sobre las terrazas descalzas del cemento.
Conquisté corazones y tierras.
Me armé de valor y coraje;
Pero nunca te he llegado a decir
Que te quiero.

Aquello que nos merecemos

Quizás te sorprenda la lluvia
por el sendero de un parque,
y la sientas en medio de un bulevar
en París,
Buenos Aires.

La música
en los callejones.

O quizás te sorprenda la noche
cayendo a tus pies,
trastabillada y oscura,
como un café amargo.

La espalda del mundo
quizás sea como una mujer tumbada
en posición supina.

Y quizás te sorprenda el alba,
y te quedes temblando.

Yo sólo admiro al que sufre.

Y quizás te sorprenda el amor,
de pronto,
en mitad de una mirada,
y entonces no habrá salida.

Y espero al día
que descubras así
mis ojos,
y espero que también
sepan sorprenderte.

El olimpo

Nos juntamos unos pocos bajo las estrellas,
con nuestro tabaco
y nuestras cervezas,
y nuestro camuflaje.
Parecíamos salvajes,
bebiendo y aullando,
formando nubes de humo
con la boca.
Parecíamos como dioses,
cercanos
pero intocables,
compartiendo partes de nuestras vidas
y de nuestras victorias,
hasta que el alcohol se fue acabando,
y el tabaco y la noche,
se fue acabando,
y regresamos a nuestras cosas,
y a nuestras casas,
con nuestras movidas,
y nuestras miserias,
con nuestras alarmas
y nuestras mujeres,
y dejamos nuestra divinidad a un lado,
y al alba no quedaba nada de nosotros;
nada era ajeno
de lo humano,
y eso era lo que parecíamos,
sólo hombres derrotados
salvo a los ojos
de los niños.

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1900

Debí nacer hace años,
cuando para acordarte de alguien abrías un sobre y no una pantalla;
cuando tenías que prender la radio o encerrarte en una cabina,
para escuchar una voz que no fuera propia;
cuando tenías que ir a buscar a su casa a un amigo,
o cruzar una sala y llenarte de valor
para mirar a una chica a los ojos,
y bailar con ella despacio,
y llevarle un poema y un ramo de flores.

Cuando los hombres surcaban los mares
y las mujeres se postraban a esperar en las orillas,
y la muerte no era el final de una historia.

Cuando las fotografías se revelaban en cuartos oscuros,
y la luz de las velas alumbraban los pasillos,
y los niños jugaban en la calle,
Y las películas y las cintas de casete se rebobinaban,
y los hombres luchaban por intereses comunes.

Cuando los grandes resultados llegaban de la constancia y el silencio;
cuando era posible soñar con metas inalcanzables;
cuando los dibujos se repasaban a plumilla,
y la tinta ensuciaba los papeles;
cuando los trabajos se realizaban a mano
y se manchaban de pintura, de aceite, de barro, de grasa;
cuando el amor se hacía con el corazón
y uno se pringaba hasta el fondo.
Porque el trabajo, el amor y el arte,
salpicaban,
porque se hacían de verdad.

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En el nombre de Dios

Hemos combatido muchas guerras en su nombre,
y hemos perdonado muchas culpas
para las que no estábamos capacitados.

Hemos actuado en su nombre,
hipersensibles al pecado,
porque no somos Dios,
ni podemos perdonar
como Él haría.

Dios, ¿dónde estás?
He llegado.

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Anónimo

Me visto de chaqueta oscura y perfume,
y se hace como una capa de velo de flor
sobre la manzanilla,
que fermenta en las piscinas de una bodega
que huele a rancio
y a roble.

Alguien muere mientras festejamos
que el año se acaba,
pero nosotros parecemos importantes
vestidos de oscuro,
casi inmóviles y ajustados,
porque una talla menos
significa ser elegante.
Sonreímos como si por dentro
no nos reconcomiéramos.
Alguien muere en un día singular,
mientras empiezo a darle sorbos a mi copa
y me caigo de bruces,
y tú fumas un cigarro al otro extremo del mundo,
porque imagino que continúas fumando.

Me integro anónimamente
entre cuerpos sudados y absurdos,
y busco de forma anodina
a la mujer que he regalado
unos besos que no conozco.
Encuentro su número y responde
un hombre al teléfono.
Considero que la gente
debería conocerme,
pero el mundo está lleno de mentiras,
así que será mejor pensar que,
tal vez,
besé a un hombre,
así como aquella vez que te dije
que te hube olvidado.

anonimo

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