Notas

Según mis últimas notas,
si Jesucristo tenía más enemigos que yo
es que no sé comportarme.
Y habrá flores de colores en los parques
y en los centros de mesa,
junto a los saleros.
Y tus juramentos inservibles
serán mi herida, mi sombra y tu recuerdo.
Y las calles serán como prisiones
en las que quedarse encerrados desde afuera.
Todo lo demás tiene un candado,
que te excluye en la intemperie,
y yo he dejado mi miedo en la sangre,
y he rasgado en el muro una ventana.
Y seremos como moscas cojoneras
en las bocas de los muertos,
y lo que quedará en la historia.
no serán sino personajes de piedra,
en medio de las plazas,
repletos de mierda de paloma,
y un sabor a victoria incapaz de saciar
los estómagos del pueblo.

Que quiero mostrarte las cuencas
del chico de ojos azules
que tanto te gustaba,
mientras los idiotas cerraban los suyos,
abuhardillados,
viviendo la efímera eternidad de todas las vidas
que soñaron contigo;
y que por eso el amor
está entre dos cosas que no existen
(el sueño y el olvido),
porque los actos creativos siempre han sido
menos sufridos,
y menos radicales,
que los procesos de demolición.

Que, aunque no lo creas,
el sentimiento de querer cambiar el mundo
surge desde el impulso egoísta
de que nunca te ha gustado
cómo ha funcionado todo esto.
Así que escucharé el lago de los cisnes,
mientras los fieles pasan de largo de los pobres
al salir de las iglesias,
y se aferran a las cruces de oro
que han colgado de sus pechos;
con sus sonrisas de ortodoncia
y sus clubes de campo
a los que van a pasar
las tardes de domingo.

Y no me pidas poemas que hablen de lo nuestro,
que si de verdad merece la pena me quedaré callado,
con la boca abierta,
y sin saber qué responderte,
como un estadio de fútbol
cuando van a tirar una falta.

Porque hoy no es distinto de ayer,
pero tu nombre, tu imagen y tu piel,
se han vetado,
y todo el mundo está en la calle,
como si nada pasara;
y la culpabilidad es la nueva forma del destierro
de la dinastía de los santos inocentes,
una broma de mal gusto
de aquellos cuyas supuestas vidas “impolutas”
quieren hacerte creer
que no cometen sus pecados.

Que hoy en día,
la sinceridad es un suicidio
porque el mundo está lleno de mentiras;
y en las noches de frío me han comido
las chinches y las mediocridades,
aunque mi padre me dijo que no podemos morirnos
hasta el día veinte,
porque el seguro de los muertos de este mes
no se ha pagado,
pero si así fuera
quiero que arranquen mi corazón
y lo enfrasquen con formol
bajo la iglesia de Lapa,
y froten mi cuerpo
con lejía;
que el sol no pida nunca
sus disculpas por arder,
que el perro no pida nunca
sus disculpas por mear;
que el pájaro no pida nunca
sus disculpas por volar.

Por favor.

Ni tú tampoco.

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Se necesita experiencia

Lo que te quiero decir
es que no agradezco el sol,
ni agradezco la sombra,
ni agradezco la vida.
Me da igual
que broten los campos,
o que se pinten los labios,
de rojo,
las niñas quinceañeras.

Lo que te quiero decir
es que no hay nada
que supere al entusiasmo.

¿No lo entiendes?

Aún se me abren los ojos,
como a un niño,
la primera vez
que observa prender
una llama.

Invencible

Me llené los bolsillos con el oro de las letras
Con el que grabé mi nombre en la historia.
He seducido a mujeres
Y he compuesto poemas que hicieron llorar a los hombres.
Desperté en habitaciones oscuras en las que he bailado,
Mientras las ciudades ardían en llamas
Y los barcos zarpaban de los últimos puertos.
He cruzado los límites de la verdad con una botella en la mano,
Y la he defendido con uñas y dientes.
Acerté a dar un par de golpes.
Arranqué las flores del jardín.
Actué con determinación ante la duda.
Me aventuré en la noche por los caminos de la perdición.
He jugado y he evadido de mil maneras a la muerte.
Bebí del manantial al que acuden a morir los elefantes.
Fui la serpiente que repta a los pies del pecado.
Me enamoré de una puta que nunca ha vendido su cuerpo.
Deformé el barro con los pies
Y le di forma con los dedos.
Creí en los ángeles gracias a ciertas miradas.
Fui el jabón de una pompa que emprende un viaje hacia el cielo.
Floté sobre una cama de púas.
Me tumbé sobre las terrazas descalzas del cemento.
Conquisté corazones y tierras.
Me armé de valor y coraje;
Pero nunca te he llegado a decir
Que te quiero.

Aquello que nos merecemos

Quizás te sorprenda la lluvia
por el sendero de un parque,
y la sientas en medio de un bulevar
en París,
Buenos Aires.

La música
en los callejones.

O quizás te sorprenda la noche
cayendo a tus pies,
trastabillada y oscura,
como un café amargo.

La espalda del mundo
quizás sea como una mujer tumbada
en posición supina.

Y quizás te sorprenda el alba,
y te quedes temblando.

Yo sólo admiro al que sufre.

Y quizás te sorprenda el amor,
de pronto,
en mitad de una mirada,
y entonces no habrá salida.

Y espero al día
que descubras así
mis ojos,
y espero que también
sepan sorprenderte.

El olimpo

Nos juntamos unos pocos bajo las estrellas,
con nuestro tabaco
y nuestras cervezas,
y nuestro camuflaje.
Parecíamos salvajes,
bebiendo y aullando,
formando nubes de humo
con la boca.
Parecíamos como dioses,
cercanos
pero intocables,
compartiendo partes de nuestras vidas
y de nuestras victorias,
hasta que el alcohol se fue acabando,
y el tabaco y la noche,
se fue acabando,
y regresamos a nuestras cosas,
y a nuestras casas,
con nuestras movidas,
y nuestras miserias,
con nuestras alarmas
y nuestras mujeres,
y dejamos nuestra divinidad a un lado,
y al alba no quedaba nada de nosotros;
nada era ajeno
de lo humano,
y eso era lo que parecíamos,
sólo hombres derrotados
salvo a los ojos
de los niños.

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1900

Debí nacer hace años,
cuando para acordarte de alguien abrías un sobre y no una pantalla;
cuando tenías que prender la radio o encerrarte en una cabina,
para escuchar una voz que no fuera propia;
cuando tenías que ir a buscar a su casa a un amigo,
o cruzar una sala y llenarte de valor
para mirar a una chica a los ojos,
y bailar con ella despacio,
y llevarle un poema y un ramo de flores.

Cuando los hombres surcaban los mares
y las mujeres se postraban a esperar en las orillas,
y la muerte no era el final de una historia.

Cuando las fotografías se revelaban en cuartos oscuros,
y la luz de las velas alumbraban los pasillos,
y los niños jugaban en la calle,
Y las películas y las cintas de casete se rebobinaban,
y los hombres luchaban por intereses comunes.

Cuando los grandes resultados llegaban de la constancia y el silencio;
cuando era posible soñar con metas inalcanzables;
cuando los dibujos se repasaban a plumilla,
y la tinta ensuciaba los papeles;
cuando los trabajos se realizaban a mano
y se manchaban de pintura, de aceite, de barro, de grasa;
cuando el amor se hacía con el corazón
y uno se pringaba hasta el fondo.
Porque el trabajo, el amor y el arte,
salpicaban,
porque se hacían de verdad.

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En el nombre de Dios

Hemos combatido muchas guerras en su nombre,
y hemos perdonado muchas culpas
para las que no estábamos capacitados.

Hemos actuado en su nombre,
hipersensibles al pecado,
porque no somos Dios,
ni podemos perdonar
como Él haría.

Dios, ¿dónde estás?
He llegado.

mano

Anónimo

Me visto de chaqueta oscura y perfume,
y se hace como una capa de velo de flor
sobre la manzanilla,
que fermenta en las piscinas de una bodega
que huele a rancio
y a roble.

Alguien muere mientras festejamos
que el año se acaba,
pero nosotros parecemos importantes
vestidos de oscuro,
casi inmóviles y ajustados,
porque una talla menos
significa ser elegante.
Sonreímos como si por dentro
no nos reconcomiéramos.
Alguien muere en un día singular,
mientras empiezo a darle sorbos a mi copa
y me caigo de bruces,
y tú fumas un cigarro al otro extremo del mundo,
porque imagino que continúas fumando.

Me integro anónimamente
entre cuerpos sudados y absurdos,
y busco de forma anodina
a la mujer que he regalado
unos besos que no conozco.
Encuentro su número y responde
un hombre al teléfono.
Considero que la gente
debería conocerme,
pero el mundo está lleno de mentiras,
así que será mejor pensar que,
tal vez,
besé a un hombre,
así como aquella vez que te dije
que te hube olvidado.

anonimo

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