Estate quieto

Hay algo mal en este orden,
gente que guarda silencio
en los vagones y en las iglesias,
con las narices pegadas a los vidrios;
niños salvajes de madres prudentes
que aprenden a no correr por los pasillos
y a quedarse callados en las aulas;
adultos a los que empieza a molestarles
todo aquello que hace ruido,
caminos de una sola trayectoria;
curiosidades huérfanas y espíritus presos,
abuelos que creen
que aburren sus historias,
nómadas a los que un día,
simplemente,
no les dejaron moverse.

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