La mano de Dios

Me di cuenta
que era para mí,
y que aquel momento era mío,
y que aquella distancia,
y aquel lugar,
y aquella mujer
se habían creado
para que les observara,
dejando entrever
que hasta la mano de Dios
precisa del hombre
para que,
en su mirada,
su acción se considere
un milagro;
porque hace falta una mirada,
para que el mundo posea
algún tipo
de valor.

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