Abuelos, conejos y niños

Hay un abuelete que se tira las tardes mirando a la ventana
tras la que juegan los niños.
Los niños y los abuelos sonríen porque no recuerdan nada.
No recuerdan sus heridas,
ni temen.
Por eso los niños corren,
y tropiezan,
porque desconocen,
y porque aprender es,
por tanto,
un acto temerario.
Por eso tenemos tantos incultos
y gente que vive con miedo,
y madres que gritan a menudo:
“!Cuidado,
se va a caer el niño!”.
Y por eso cuando Eduardo Galeano dice
que le abrió la puerta a su conejo,
para que fuera libre,
éste se quedó temblando
dentro de la jaula.

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