Planta 26

Me di cuenta aquella noche,
desde la última planta,
observando los puntos negros,
móviles,
que representaban vidas,
bajo los focos de luz del asfalto.
No pude ver cómo arrastraban
sus cuerpos,
ni cómo consumían sus cigarros,
o sus carnes
de cicatrices y arrugas.
Y me gustaba ver también las luces de las casas,
y pensar que había vida tras los muros,
contemplar el bulevar prendido de neones rojos,
entre los gritos de los jóvenes de fiesta.
Me gustaba pensar que vagaban por el mapa
bajo la arboleda,
y llevaban mujeres
cogidas de la mano,
pero no podía ver las calles
teñidas de crimen y sombra,
la fatiga de una señora
con las bolsas de la compra
con sus manos torpes;
sí alcanzar los descampados,
pero no las virutas de vidrio;
la noche,
pero no las ratas;
las ventanas,
pero no los dormitorios;
las grúas,
pero no los escombros;
los maderos,
pero no las astillas.

Incluso aún más de cerca,
pude mirar a los ojos,
y dar un beso,
o una caricia,
y a los años saber
que no nos conocimos.

Lo sé por cómo se ve todo
desde arriba,
que Dios
no sabe nada
de nosotros.

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