Sobras de la noche

No puedo atravesar en tus paredes,
pero aprecio la capa amarilla
que ha quedado
de fumar en ellas,
como otra envoltura de papel
que no puede plegarse.

Es como si asomase tu pulmón alquitranado,
como si tus negras lágrimas
no salieran contigo
para acabar con la cajetilla de tabaco
que predice tu muerte.

Ahora somos tan sólo dos figuras,
las sobras solitarias de la noche
que observan la ciudad desde el tejado,
desde donde algunos reconocen sus casas,
pero nadie pensará en nosotros,
que ni siquiera seríamos capaces.
Sólo sombras a las que les quedará
el parpadear de las luces bocarriba,
las cenizas y las hebras junto al filtro,
tu rastro de colillas de dos hombres
que se miran al espejo
absorbiendo las nubes de humo
que formas con la boca.

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