La confianza da asco

Dijo que daba asco la gente que bebe,
así que tú y yo damos asco,
con nuestra baba sarrosa
y nuestro espíritu derrotado.

Llevamos soportando toda esa peor parte de nosotros
como quien aguanta bajo la lluvia,
embebidos con nuestras sonrisas tristes
y nuestros billetes de orina que se van por los retretes;
relamiendo pastillas de mañana contra los remordimientos,
y cuerpos pasajeros que bailan y orbitan
en la oscuridad.

¿Y qué más da lo que demos
si decimos y hacemos cosas
que no van con nosotros?

Te observo con la boca abierta,
roncando como un animal que duerme,
cayendo inconsciente sobre el lugar y el tiempo de una cama,
con tus prendas colgadas y tu olor a pies,
y tu olor corporal por completo,
y tus palabras malsonantes
que hacen apología de la droga.

Y pongo un pie en el suelo,
y un poco de voluntad para poner el otro,
y culpo a la de Dios por mis pequeñas ruinas,
con la única fe de que si no amáramos todas esas partes
en las que damos asco,
no sería
amor del todo.

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