Cubriéndose mientras se descubrían

Podría decirse que dispusimos de todos los escudos
y acabamos por hacernos daño.

Entonces buscábamos aquel rincón del mundo
y aparcábamos entre los árboles,
esperando a que la noche y el vaho nos envolvieran,
como una película rodando alrededor de la piel de tu cuerpo
al que reviste una armadura.

Y a decir verdad,
las estrellas también nos cubrían,
y nuestras manos heladas rondaban al uno del otro,
cubriéndose mientras se descubrían,
como un tesoro que se esconde.

Lo nuestro parecía un refugio,
y luego te quedabas callada y sin moverte,
y yo arrancaba el motor,
mientras tú aún te ponías la ropa
arrancada también a tiras.

Y nos marchábamos de allí,
revelando algún secreto,
y haciendo alguna promesa
que ninguno de los dos cumplía.

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